La historia de Nico, el pasapelotas
Sucedió a principios de Enero durante el Seven de San Fabián de Alico. La jornada del primer día había comenzado y entre todo lo extenuante que es organizar un torneo de este tipo,reparé en un niño que espontáneamente nos estaba ayudando como pasapelotas. Se colocaba al costado de la cancha con un balón y cuando era necesario lo entregaba y partía rápidamente en busca del otro que había sido pateado lejos del campo de juego.De a poco entre los que estábamos allí (árbitros y su servidor), le fuimos enseñando a hacer mejor su labor, y el diligentemente lo hacía tan rápido como le era posible. Al segundo día ni bien comenzada la jornada, ya estaba en su función demostrando que había aprendido el “sistema”. Sin darle muchas vueltas decidimos regalarle uno de los balones del torneo, ya que se lo había ganado con un gran trabajo. Pero no le dijimos nada, salvo que lo invitábamos al almuerzo y premiación de ese día Domingo, y que invitara a su madre. El partió contento pero al rato volvió triste ya que su madre estaba trabajando y no tenía tiempo para acompañarlo. Realmente quería que su mamá lo acompañara y por eso desistió de asistir, y sin darnos tiempo a arreglar su situación, desapareció. Hicimos todo lo posible por ubicarlo antes de la premiación, y por suerte apareció; sólo eso sí, pero pudo recibir su regalo sorpresa. Creo que estaba tan asombrado que por eso no se notó alegre.
Su cara era de incredulidad por lo que vivía en esos momentos, mientras Andrés Herbozo, uno de los árbitros, le entregaba su balón , que bien merecido lo tenía. Creo que varios nos emocionamos con ese instante. Un niño de una zona rural a 75 km. de Chillán en la precordillera de Ñuble recibía un balón de un deporte que en 2 días intentaba aprender y que nadie en su zona conocía. Pero creo que asimiló (o ya los tenía) varios valores del rugby y que lamentablemente muchos “rugbistas” reniegan de ellos en la práctica; como son, la solidaridad; la ayuda a su equipo haciendo labores consideradas “menores” y sin recibir nada a cambio; la humildad; la disposición a ayudar, ¡Que ejemplo para varios! Tiempo después supe que Nicolás, organiza “tocatas” con sus amigos y el les “enseña” como es este nuevo juego que aprendió. Como dueño del balón el administra los partidos. De esta circunstancia a nacido el deseo, apoyado por concejales de la comuna, de crear una escuela de rugby. Ahora la tarea es de los rugbistas de San Carlos, los más cercanos a San Fabián, de llevar ese sueño a cabo. El esfuerzo de todos quienes participaron en la organización, equipos, municipalidad, auspiciadores, bien valió la pena. Se llevó el rugby a una zona desconocida para el foráneo, pero hermosa, y su semilla plantada en las manos de un niño llamado Nicolás.

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